martes, 19 de abril de 2011

El Tarot Falconier

El Tarot Falconier

Tal vez hoy en día está un tanto olvidado, pero Jean Baptiste Pitois, más conocido en el mundo del ocultismo como Paul Christian, tuvo una aportación decisiva en la historia del Tarot. Este francés nacido en 1.811, fue discípulo de Eliphas Leví. Su trayectoria vital, que en su día tendrá su apartado en la sección de Fuentes y Biografías, es de lo más pintoresca, evidentemente era un hombre de extremos: pasó del noviciado con los Trapenses, a formar parte de un club Jacobino, para luego convertirse en director de revistas católicas.

Su amor por el conocimiento oculto, comenzó cuando entró en contacto con la Astrología, aunque el auténtico hito en su vida sería el conocer a Eliphas Leví. En 1.863 publicó el libro “L'homme rouge des Toileries” (“El hombre rojo de las Tullerías”), obra por la que aún es recordado y en la que relaciona directamente las cartas del Tarot con la Astrología, así como situaba el origen de las cartas en el antiguo Egipto.

Esta novela cuenta la historia de un monje benedictino, Bonaventura Guyon, que entra en contacto con Napoleón y se convierte en su astrólogo. El monje había aprendido en un antiguo manuscrito de carácter hermético, la descripción de la baraja de Tarot Egipcio, así como un sofisticado método adivinatorio.

En 1.870, escribió “Histoire de la Magie” (“Historia de la Magia”) que tuvo un gran éxito. Se trataba de un compendio de distintos métodos de adivinación, tomados de distintas épocas y lugares. De nuevo en esta obra, Christian insistió en su tesis sobre el origen egipcio del Tarot, pero además, consideraba que los Arcanos, formaban parte de un sofisticado rito egipcio de iniciación.

Aunque con el tiempo se descubrió que las teorías de Christian eran simplemente producto de una imaginación altamente creativa, en su época sus ideas encontraron un enorme eco y el camino que él inició fue seguido después por muchos. Realmente sería muy largo hacer una descripción del rito al que Christian hacía referencia (en su libro lo describía con pelos y señales).

Se puede decir que cada uno de los Arcanos sería la representación pictórica de distintas energías, tanto espirituales como físicas, de tal modo que el conocimiento de estas asociaciones daría lugar a la creación de todo lo conocido. Esta relación entre los Arcanos y las distintas fuerzas energéticas, tomadas como el itinerario iniciático del neófito, marcó un antes y un después en la forma de acercarse al Tarot para muchos ocultistas. Si bien Christian no fue del todo original, puesto que desarrolló muchas de las ideas que Elihas Leví había apuntado con anterioridad, lo cierto es que creó escuela, puesto que sus tesis serían seguidas por autores como Papus o Wirth.

Pero Paul Christian no creó un Tarot en el que se vieran reflejadas sus teorías. Tuvieron que pasar 19 años de su muerte para que alguien se decidiera plasmar visualmente su Tarot, si bien no lo hizo de forma directa. En 1.896 René Falconier, entusiasta seguidor de Stanislas de Guaita y, en sus años jóvenes, actor de la Comédie Française, encargó a un artista de la época Maurice Otto Wegener las ilustraciones para su libro: “Las XXII láminas Herméticas del Tarot adivinatorio”.

Falconier siempre defendió que su libro era una obra original que trataba de reconstruir lo que supuestamente era el Tarot original (siempre bajo el supuesto de su origen egipcio) tomando como modelos los monumentos egipcios que en aquella época se conservaban en determinados museos europeos. En realidad, Falconier basó su libro y las descripciones de los Arcanos en los escritos de Christian, por eso mencioné anteriormente que fue quien plasmó visualmente su Tarot.

En honor a la verdad, hay que decir que Wegener no siempre siguió a rajatabla las directrices de Christian y, de vez en cuando, improvisó, aunque no demasiado. En cuanto al libro, cabe decir que venía dispuesto de tal modo que las 22 láminas podían recortarse para que el lector más osado se aventurara a realizar sus propias adivinaciones ya que en un apartado se daban las instrucciones correspondientes. Las 56 cartas restantes del juego no fueron incluidas en el libro.

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