viernes, 17 de agosto de 2012

El Tarot uno a uno: El Emperador


Carta número IV.


La carta nos habla de una fuerza sobrecogedora. El emperador está sentado sobre un trono y por sus vestimentas descubrimos su poder y su linaje. Con semblante serio clava su mirada en el báculo que soporta transmitiéndonos su valor y su fuerza. Su barba nos hace pensar en su aparente sabiduría. La palabra clave es paternidad.

Espíritu es la más alta cualidad de esta carta. Al contrario que la emperatriz cuyos sentimientos maternales no hablaban de nuestro cuerpo, el emperador representa nuestras cualidades morales, nuestros ideales espirituales. Todos tenemos un emperador que nos ayuda a la autosuficiencia, que nos forja la voluntad de seguir adelante cuando tenemos fe en algo, representa a su vez nuestro desarrollo educacional por el camino ideal que queremos emprender.

Cuando luchamos por un ideal, perseguimos un camino espiritual, etc. significa que nuestro padre interno está latente, pero cuidado, pues la lucha espiritual puede volvernos intransigentes, fanáticos y ciegos a los sentimientos, a lo que nos ocurre, a los cambios, al dolor de los demás, por ello aunque el loco debe aprender ahora los principios morales que regirán su vida para formarse como ser humano, no debe transgredir la línea de equilibrio espiritual que nos haría perder el rumbo de nuestra relación con la realidad física y con los demás seres humanos, así por ellos debe estar abierto al cambio. El emperador puede compadecerse, ayudar; pero también comportarse con rigidez implacable, y destruir si no se da cuenta de su comportamiento.

De este modo la emperatriz y el emperador forman un todo que en equilibrio transforman la personalidad hacia el encuentro adecuado del espléndido ser sin sufrimientos ni fracasos que todos llevamos dentro.

EJERCICIOS:

Vamos a buscar dos fotos de nuestro padre, una que nos guste mucho y otra que no nos guste nada. Entonces tras un periodo de relajación como a ti te guste escribirás en tu libreta personal porqué te gusta la foto y por qué no te gusta la otra. Trata de recordar momentos maravillosos con tu padre, y también momentos desagradables. ¿Ha cumplido tu padre su función de educador moral (la moral considerada desde el punto de vista de las fuerzas del espíritu, no la moral social de las reglas de conducta) y ético? ¿Te ha dotado de fuerza de voluntad? Pregúntate si no hay una carencia en este sentido dentro de ti. Analiza si esa parte de tu crecimiento como persona está perfectamente cubierta o por el contrario flojea. Pregúntate si no eres demasiado intransigente en tu camino espiritual, en tus ideales.

Pregúntate si no sería posible cambiar esa parte de ti y perfeccionarla en el caso de que falle por alguna parte.

Recuerda que no se trata de incriminar a tu padre, sino de reconocer en ti un posible desequilibrio, carencia, intransigencia moral, ética, espiritual. ¿Estás tranquilo cuando piensas sobre ello o hay algo que se mueve en tu interior que no te guste? Tu tienes la respuesta, y en tu mano está decidir si debes o no cambiar alguna actitud.


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