miércoles, 29 de octubre de 2014

EL TAROT DE MARSELLA





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Fautriers, un ilustrador marsellés de mediados del XVIII, diseñó lo que se podría considerar como la última edición del Tarot, modificada sólo en pequeños detalles -sospechosos de fantásticos en buena medida- por Stanislas de Guaita y Oswald Wirth. Pero es indudable que no es Fautrier el creador de esta vasta simbología, sino una suerte de codificador de lo que cuatrocientos años de artesanía colectiva pusieron entre sus manos.

Casi dos siglos antes del trabajo del marsellés, Garzoni conoció un Tarot poco menos que idéntico (las series eran denominadas monetae, xyphi, gladii y caducei, y al valet o sota se lo describía como El Viajero); al tarocchino, de Francesco Fibbia, sólo le faltan 16 cartas de menor importancia (del dos al cinco de cada palo) para gozar de parecida similitud, y el llamado «tarot de Besançon» presenta apenas una diferencia de tipo mitológico: el reemplazo de los arcanos II y V (La Sacerdotisa y El Pontífice), por las figuras de Juno y Júpiter.

Existen variantes más significativas, como el Minchiate florentino, que a mediados del siglo XV ofrecía una colección de 95 naipes, de los cuales cuarenta eran arcanos; o el juego denominado Trappola, al que no puede considerarse propiamente un Tarot ya que, al margen de faltas menores (no tiene reinas, ni los números del tres al seis), carece de arcanos.

El más famoso de los competidores del Tarot es, sin duda, el atribuido a Mantegna llamado también Cartas de Baldini. Son cincuenta arcanos, divididos en cinco series de diez naipes cada una, y su tendencia enciclopédica lo relaciona más con el carácter pedagógico del naipe chino (Mil veces diez mil), que con la evolución de la baraja occidental. Así, la primera de las decenas marca la jerarquía de las clases sociales (mendigo, sirviente, artesano, comerciante, gentilhombre, caballero, duque, rey, emperador y Papa); la segunda representa a las nueve musas, complementadas por Apolo; la tercera alude a las ciencias, y la cuarta a las virtudes. La quinta serie, finalmente, incluye los siete planetas, la octava Esfera, el Primer Móvil, y la Primera Causa. Wirth -que conoció dos ejemplares de las Baldini, de 1470 y 1485- asevera que su autor, neófito en materias esotéricas, intentó ampliar y mejorar por su cuenta un modelo de Tarot que le parecía insuficiente e incomprensible, rellenando estas supuestas carencias con concesiones a la filosofía de la época.

El tarot es un medio de videncia con 78 cartas llamadas arcanos, que usadas por expertos videntes para la videncia se plasma la historia de la hombres en el pasado, tiene muchos significados y muchas formas de estudiarse.

Fautriers, fue sin duda el padre del actual Tarot, un marsellés de mediados del XVIII, diseñó lo que se podría considerar como la última edición del Tarot, modificada sólo en pequeños detalles.

Fue creado después de que en Alejandría fuera quemada la biblioteca donde estaba todo el conocimiento de la historia de la humanidad, se juntó los sabios del mundo y acordaron conjuntar ese conocimiento perdido y ponerlo en tablillas que no fueran fácilmente interpretada ni descifradas, y así proteger su gran valor.

Y así el Tarot fue dividido en dos partes: La parte sagrada o espiritual que son los Arcanos Mayores que son 22 y la otra parte profana que es la más comúnmente conocida como Baraja Española, pero fue hasta el siglo 17 que en Europa se hicieron estudios muy profundos y se unificaron las dos partes y así se da a conocer el mazo de 78 cartas tal como hoy en día se le conoce




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